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Los discos del señor Dreyfus 28 julio 2011

Posted by irreductiblepuntocom in Music.
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Hace mes y pico, concretamente el 24 de junio, se conmemoraba el primer aniversario de la muerte de uno de los “culpables” de la gran repercusión, dentro del mundo musical, de uno de los discos más importantes de la era actual. El fallecido era, nada más y nada menos, que el señor Francis Dreyfus:

Francis Dreyfus

Este señor fue el fundador de varios sellos discográficos en los años 70, además de productor y agente musical de varios artistas, entre ellos Johnny Halliday o su pareja, Sylvie Vartan. Fundó, entre otras, la Sociedad Parisina de Promoción Artística, una vez que acabó de estudiar la carrera de Derecho, al mismo tiempo que también creaba uno de sus empresas, Editions Labrador. Una de sus casas discográficas, Disques Motors (en la que artistas como Jimmy Hendrix, Ennio Morricone o el mismo padre de Jean Michel, Maurice Jarre, editaron varios de sus trabajos) tuvo la suficiente visión comercial como para arriesgar su dinero y su reputación cuando, tras unos cuantos portazos en varias discográficas, Jean Michel Jarre le lleva una maqueta de una obra musical hecha enteramente con instrumentos electrónicos, sin voces y con unos títulos de sus “canciones” absolutamente inapropiados. Hélene, la esposa de Francis y compañera de fatigas musicales de Jean Michel en el Grupo de Búsquedas Musicales, convence a su marido para que lance al mercado 50.ooo copias de lo que Jean Michel había creado en la cocina de su casa, (en la Rue de Trémoille), durante unos ocho meses, con un grabador de ocho pistas y ocho sintetizadores que ahora consideraríamos absolutamente arcaicos. Las copias de su obra son distribuídas en tiendas de alta fidelidad, discotecas y clubs, con las que obtiene un gran reconocimiento y repercusión inmediata. El disco del que hablamos, publicado en 1976, no es otro que “Oxygène” (Oxígeno),

cuya provocativa carátula proviene de una pintura del artista Michel Granger que la actriz Charlotte Rampling (la que más tarde sería su esposa)

Charlotte Rampling

regalaría a Jean Michel, en la que se nos muestra un despellejado planeta Tierra que descubre en su interior un cráneo humano.

Oxygène comienza de esta extraña pero extraordinaria manera:

Si cerráis los ojos y os dejáis mecer por la música, podéis descubrir infinitud de matices musicales, una plenitud de paisajes sonoros que os pueden transportar hacia cualquier lugar donde os dejéis llevar por vuestra imaginación, y que la música de Oxygène no está compuesta por notas, sino por sonidos que, unidos y superpuestos, conforman un todo. Oxygène no se puede escuchar de pie, mientras se charla o se hace cualquier otra cosa, hay que escucharlo tendid@ plácidamente, sin prisas, preferentemente con auriculares para apreciar en todo su esplendor la magnificiencia de una obra que ha llegado a vender la friolera de 15 MILLONES DE COPIAS hasta el momento y el premio de la Academia Charles Cros.

Si extraña e inusual es su música, no lo es más su forma de nombrar sus cortes, un total de seis que Jean Michel los tituló a todos por igual y enumeró en numeración romana (Oxygèn Part I, Part II, III, IV, V y VI). El álbum, editado en cassette (fue el tercer cassette que me compré en mi vida) y posteriormente en LP, está dividido en dos partes o caras. En la cara A, nos encontramos con los tres primeros cortes, unidos sin interrupción, y en la cara B, los otros tres.

Su primer corte, Oxygène Part I, que habéis escuchado más arriba, apareció en un documental del oceanógrafo francés Jacques Cousteau, al igual que la segunda parte (Oxygène Part II) apareció en la banda sonora de la película Gallípoli, del director Peter Weir:

y también en varios anuncios y películas. Sin más dilación, aquí tenéis la Part II:

Como habréis notado, la música de Oxygène es muy adecuada para ilustrar imágenes sobre astronomía. Su ritmo (envolvente, repetitivo y minimalista) consigue un maridaje excepcional entre ciencia y música.

Cerramos la cara A del disco con el tercer corte del mismo, titulado, como no podía ser de otra manera, Oxygène Part III, en el que nos vamos a encontrar como fondo algo parecido a un órgano de iglesia al que se le van sumando los sonidos provenientes de otros sintetizadores hasta que el tema acaba con el cántico de unos pájaros:

Volveremos… cuando hayamos conseguido algo más de oxígeno…

Mi música podría no haber sido lo mismo sin la presencia de Francis Dreyfus, o de Hèlene, su mujer, a lo largo de todos estos años (Jean Michel Jarre).

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