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Loreena McKennitt 20 diciembre 2010

Posted by irreductiblepuntocom in Music.
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Hace ya 53 años, en 1957, venía al mundo el 17 de febrero una niña pelirroja, de madre enfermera y de padre ganadero, a la que, probablemente por influencia shakesperiana, llamaron Loreena:

Then to Loreena let us sing.
That Loreena is excelling.
She excells each mortal thing.
To her let us garlands bring.

William Shakespeare
“Dos amantes de Verona”
Acto IV. Escena 2

Pues esta dulce niña se crió en un entorno campestre en Morden, pueblo canadiense de la província de Manitoba, en el mismo centro de Canadá. Viviendo en plena naturaleza y rodeada de los animales que poseía su padre, como no podía ser de otra manera sintió pronto el gusanillo de ser veterinaria, para lo que decidió irse a estudiar dicha carrera a la capital de la província, Winnipeg, donde por casualidad se sintió atraída por la música celta cuando visitó por vez primera un local de música folk, visitas que se fueron haciendo cada vez con más frecuencia.

En 1981, cuando tenía 24 añitos y como queriendo seguir una invisible línea del destino, cambia su residencia un poco más al este, a Stratford, en la província de Ontario,(recordad que Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, en Inglaterra) donde participa activamente en la vida cultural a través del festival shakesperiano de la localidad (otra vez nos cruzamos con el genial bardo), en el que Loreena actúa, canta y compone la música de la adaptación de “La tempestad” en 1982.

Influída por Yeats y por la música del genial Alan Stivell,

del que seguramente coge la afición de tocar el arpa irlandesa,

Arpa irlandesa

decide visitar la tierra de sus progenitores, Irlanda, donde se empapa de su cultura y de su música y de la que regresa con el firme propósito de poner música a uno de los poemas de su ídolo Yeats, “The stolen child” (El niño perdido):

Donde se sumergen las rocosas montañas, en el lago de Slueth Wood, hay una isla boscosa donde al aletear las garzas despiertan a las soñolientas ratas de agua, donde tenemos nuestras tinajas encantadas, repletas de bayas y de las más rojas cerezas robadas. Ven, oh, mi pequeño niño, hacia las aguas y hacia lo salvaje, con un hada de la mano cogido, porque el mundo es el llanto más grande que puedas imaginar. Cuando llega la ola de la luna más brillante, a la débil luz de las grises arenas, más allá de las rosas más lejanas, caminamos durante toda la noche, componiendo antiguas danzas, juntando manos y cruzando las miradas, hasta que la luna emprende el vuelo, dando saltos de un lado a otro y perseguiendo las frívolas burbujas, mientras el mundo está lleno de problemas y la ansiedad vence al sueño. (Stolen Child – Loreena McKennitt)

Este tema anterior forma parte de su primer disco, que ella empezó vendiendo en formato cassette de manera casi artesanal en los conciertos que empezó a dar en 1985, tomando como base de operaciones de su propia compañía de discos (a la que llamó Quinlan Road) la cocina de su casa, desde donde enviaba los pedidos que le llegaban por correo.

De ese primer disco, hablaremos en la siguiente entrada…

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